Entrevista a Carlso Fernandez en Cazarabet

2 agosto, 2020 por

Entrevista a Carlso Fernandez en Cazarabet

 

Cazarabet conversa con…   Carlos Fernández Rodríguez, autor de “Los otros camaradas. El PCE en los orígenes del franquismo (1939-1945)” (Prensas de la Universidad de Zaragoza)

Prensas de la Universidad de Zaragoza edita un ensayo, parte de la tesis, desde la pluma de Carlos Fernández Rodríguez sobre “el PCE en los orígenes del franquismo “, entre los años 1939-1945. Se encuentra en la temática de Historia Contemporánea y en la colección de Ciencias Sociales.

La sinopsis del libro:

Con el final de la Guerra Civil española se inició una lucha clandestina contra la dictadura en el seno del PCE protagonizada durante los años más duros de la represión política, y que desembocó en detenciones y fusilamientos de miles de comunistas españoles. El libro de Carlos Fernández Rodríguez, utilizando novedosas fuentes documentales, aborda una investigación sobre el proceso histórico seguido por el PCE como partido opositor antifranquista en el interior de España y su relación con las diferentes direcciones en el exterior entre 1939 y 1945. El autor analiza su estructura y organizaciones centrándose en la militancia de base y sus disensiones internas por el control del Partido, acusaciones de herejes y desviacionistas, así como la caída de los diferentes equipos directivos provocada, en muchos casos, por las delaciones y los confidentes policiales.

Además de los apartados más o menos habituales en todo ensayo de investigación como son un apartado dedicado a “descifrar” las numerosas siglas que se hacen servir en el libro; los agradecimientos; la presentación; una introducción y después del desarrollo del libro, una conclusión… nos encontramos, como mencionamos,  con el cuerpo o denso desarrollo del libro con este índice temático: en este libro nos encontramos con este índice temático: El final de la Guerra Civil. El golpe de Casado. El PCE en Valencia en los primeros momentos de posguerra. La clandestinidad del PCE en Madrid. El asesinato del comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón y el fracasado intento de liberar a dirigentes comunistas. La reorganización de las JSU en 1939 y otros grupos clandestinos comunistas. La organización clandestina del PCE en el norte de España y su relación con Madrid. La clandestinidad del PCE en Madrid a finales de 1939 y principios de 1940. Los primeros contactos entre el PCE del interior y la organización en Portugal y en México.  Heriberto Quiñones, dirigente del PCE en el interior. La extensión de la dirección quiñonista al norte peninsular y la llegada del grupo de Lisboa. Jesús Carrera Olascoaga y la situación de los comunistas en el resto del país. El fin del quiñonismo. La organización comunista tras la dirección de Quiñones entre finales de 1941 y 1943. La estructura organizativa después de la detención de Jesús Bayón González. Las últimas acciones de Jesús Carrera antes de su detención en 1943. Jesús Monzón y la política de Unión Nacional. El Comité Regional de Castilla (provincial de Madrid), su relación con la delegación del PCE y con el regional de Andalucía. El aparato especial del norte de África y su vinculación con los servicios secretos norteamericanos.  La situación de otros comités provinciales y regionales del PCE y la política de Unión Nacional entre 1944 y principios de 1945. La llegada de dirigentes procedentes de América a principios de 1944. Las invasiones guerrilleras por los Pirineos y por el valle de Arán. El fin del monzonismo y la subida al poder de Carrillo.

El autor, Carlos Fernández Rodríguez:

Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en varios proyectos históricos como: “San Fernando de Henares para la recuperación del Patrimonio histórico de la localidad (2001-2002)”. A lo largo de los últimos años ha escrito varios artículos para Congresos, prólogo de libros, periódicos y revistas y tiene varias publicaciones: “Madrid Clandestino. La reestructuración del PCE, 1939-1945” (2002), La lucha es tu vida. Retrato de nueve mujeres republicanas combatiente, (2008) y Yuncler, un viaje por la historia (2017). También ha colaborado en la obra colectiva titulada Checas: miedo y odio en España durante la Guerra Civil. La voz de los testimonios en la Causa General (2017). Forma parte del grupo del proyecto de investigación, Madrid, una ciudad en guerra, 1936-1953 y de Historia Social, ambas de la UCM.

https://carlosfr.com/

Cazarabet conversa con Carlos Fernández Rodríguez:

Amigo, ¿qué te ha llevado a publicar este libro?

-El libro “Los otros camaradas. El PCE en los orígenes del franquismo (1939-1945)” es algo más de la mitad de mi tesis doctoral, extendido y corregido. La idea era poder publicar una primera parte del proceso histórico desarrollado por el PCE desde momentos antes de finalizar la Guerra Civil en 1939 y hasta los primeros meses de 1945. Debido a la elevada extensión del libro de más de 1.000 hojas, la idea es hacer un segundo volumen que abarque el desarrollo de la organización comunista española entre 1945 y finales de la década de los años cuarenta del siglo XX, con el cambio de política y de táctica, tras dejar la lucha armada en el movimiento guerrillero e iniciar la expansión del movimiento obrero en los Sindicatos Verticales franquistas.

– ¿Cuáles han sido las razones que te lleva a investigar sobre el Partido Comunista de España en los primeros años del franquismo?

-El hecho de investigar sobre el Partido Comunista de España era algo que me llamaba la atención desde mis años universitarios. En un primer momento empecé a estudiar el estado de la cuestión sobre el movimiento guerrillero y en concreto una guerrilla urbana de matiz comunista que hubo en Madrid, de la cual he escrito algunos artículos. Pero a la hora de empezar a visitar archivos, de entrevistar a antiguos militantes y de estudiar sobre el tema observé que había muchos vacíos y desconocimientos sobre la clandestinidad en los años cuarenta. Debido a ello mi tesina o memoria de licenciatura estuvo dedicada a esa primera clandestinidad en Madrid y de la cual se publicó mi primer libro “Madrid Clandestino”.

Carlos ¿en qué estado se encontraba el PCE al término de la guerra civil…teniendo en cuenta que muchos o la gran mayoría de sus dirigentes marcharon al exilio?

-El PCE se había convertido en la organización política más combativa y en el partido con mayor número de militantes, dentro de las fuerzas republicanas, sobre todo, en la segunda mitad de la Guerra Civil española. Había un ambiente anticomunista entre los diferentes sectores militares y políticos republicanos. El coronel Segismundo Casado y sus colaboradores tenían como objetivo acabar con el Gobierno del socialista Juan Negrín, sustituyéndolo por otro que pudiera negociar con Franco y los sublevados el final de la guerra. Negrín era partidario junto con la mayoría de dirigentes comunistas de resistir (entre ellos Togliatti) y continuar la guerra esperando que con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, tanto Francia como Gran Bretaña ayudaran a la II República.

– ¿Qué quedó del PCE en la España franquista y qué parte pasó al exilio?

-Antes de finalizar la Guerra Civil, el 6 de marzo de 1939 se exilió la mayor parte de la cúpula militar y política del PCE (Dolores Ibárruri, Antonio Cordón, Jesús Monzón, etc) y con posterioridad el resto de los dirigentes con mayor relevancia de los altos cargos del Partido (Buró Político y Comité Central), en dirección a la URSS, a Francia y a América. Palmiro Togliatti, Fernando Claudín y Pedro Checa antes de exiliarse dejaron la orden a otros cuadros intermedios comunistas que formaran una dirección clandestina para ayudar a la reestructuración del PCE, su paso a la lucha clandestina, la ayuda de los camaradas presos y la evacuación de los que no hubieran sido detenidos. El resto de la militancia fueron los que no pudieron exiliarse y muchos de ellos fueron arrestados y otros corrieron peor suerte, acabando sus vidas en pelotones de fusilamiento.

Los que quedaron en España cercanos al PCE y a sus ideas, ¿qué suerte de suertes corrieron?

-La mayor parte de las sedes y de los locales de las Juventudes Socialistas Unificadas y del PCE fueron atacados y desvalijados cuando se produjo el golpe de Estado de Casado. Muchos comunistas fueron detenidos y llevados a las cárceles, siendo encontrados allí por las tropas sublevadas cuando terminó el conflicto civil. La división interna entre los sindicatos y las organizaciones políticas de izquierda era latente, extendiéndose al resto de la población, con lo que el panorama no era nada esperanzador entre la oposición antifranquista. Esas diferencias eran diarias incluso entre los presos en el interior de los campos de concentración y prisiones franquistas. Rápidamente se comprobó que el PCE sería el partido mejor preparado para organizar su reestructuración en pequeños grupos y en la idea de que algo había que hacer para organizarse contra la dictadura franquista.

-¿Y los del exilio, que caminos dentro del mismo pudieron tomar?

-Ante las graves consecuencias para ellos que podría haber supuesto la permanencia de los principales dirigentes del PCE en España, tomaron la decisión de exiliarse. Desde ese momento se produjo una batalla interna por el control del Partido en el interior y con los diferentes centros de control de la organización comunista española dividida en el extranjero. En Moscú estaban los máximos dirigentes políticos y militares con José Díaz (trabajó en el secretariado de la Internacional Comunista y por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial se trasladó a la capital de Georgia, Tiflis, donde terminó suicidándose en 1942), Dolores Ibárruri, Enrique Líster, Juan Modesto, etc. En Francia permanecieron sobre todo cuadros intermedios que estuvieron en cargos importantes de la administración republicana y en Comités Provinciales del PCE, creando una Delegación del PCE en territorio francés controlada teóricamente primero por Carmen de Pedro, aunque realmente estuvo liderada por Jesús Monzón, quien también controlaría el PCE en el interior de España con posterioridad. En territorio americano se exiliaron una gran parte de militantes y dirigentes comunistas divididos entre México (con la creación de un Buró Político liderado por Vicente Uribe), Cuba, Chile, Argentina y Uruguay. También hubo una gran presencia de comunistas exiliados en el norte de África. Por lo tanto el exilio comunista estuvo muy dividido y sin tener conocimiento de la verdadera realidad del interior del país, tanto de la represión vivida como de la situación de la clandestinidad en la militancia comunista.

-¿Hay una reorganización, aún con la dispersión de dirigentes, bases y demás componentes del PCE?, cuando hablo de “reorganización”, me refiero a los que quedaron dentro del país y a los que quedaron fuera…

-Una vez que los dirigentes del PCE salieron hacia el exilio, el resto de la militancia comunista se preparó para realizar la reestructuración del PCE y de la JSU con plena autonomía en los primeros momentos. En Madrid y en el Levante fueron los primeros lugares donde se empezaron a reunir comunistas que no habían sido detenidos para saber qué había pasado con sus camaradas y empezar a organizarse. A pesar de la represión vivida, de las primeras detenciones y de las personas escondidas, los militantes de base quisieron hacer ver que el Partido aún estaba activo. Una de las primeras misiones que llevaron a cabo fue formar a los cuadros para que trabajaran y se movieran en las complicadas condiciones de clandestinidad. Realizaban labores de ayuda económica a los presos y a sus familias (había comités en el interior de las cárceles y conexiones con otras prisiones), el conocimiento de la verdadera situación en la que habían quedado los integrantes del PCE, el intento de unificar a aquellos grupos que estaban dispersos y desconectados entre ellos (hubo ocasiones que funcionaron varias direcciones clandestinas del PCE sin conocerse entre ellas la existencia de la otra) y la difusión de que había que realizar actividades políticas clandestinas. Las diferentes direcciones le dieron mucha importancia en el trabajo clandestino al tema de la propaganda. Entre marzo y abril de 1939 el PCE imprimió varios manifiestos y octavillas con disposiciones de cómo llevar a cabo las actividades clandestinas, el tema de la preparación de la evacuación de militantes y el inicio de las luchas contra los postulados dictatoriales. Antes de su salida, algunos dirigentes del PCE encargaron a una serie de cuadros la formación de una dirección provisional para la preparación de la clandestinidad. Entre esos individuos estaban: Jesús Larrañaga, Florencio Sosa, Francisco González Montoliú, Pedro García Ferreño, etc. La mayor parte de ellos fueron detenidos en el puerto de Alicante y trasladados al campo de Albatera donde organizaron esa primera dirección.

¿Cómo era “ser comunista” cuando eso significaba formar parte de la clandestinidad?

La militancia comunista clandestina en su mayor parte era anónima para el resto de sus camaradas. Formaban parte de una estructura férrea y ortodoxa y demostraban unas grandes dosis de combate antifranquista. Aquellos comunistas habían luchado durante la Guerra Civil con mucho orgullo de pertenecer a su Partido. Por ello no fue menos en los inicios de la dictadura franquista, sintiéndose identificados en ese espacio vital de militante y el compromiso adquirido por sus ideales. Generalmente, aquella militancia tuvo una camaradería singular y propia, una conducta fiel y devota por su ideario y en unos espacios de sociabilidad señalados por la clandestinidad. El comportamiento de aquellas mujeres y hombres comunistas fue calificado en el lenguaje y dogma propio como revolucionarios, adoctrinados, fanáticos, abnegados, comprometidos, etc. La pertenencia al PCE era significado de consideración, de reconocimiento y de responsabilidad en el seno de las fuerzas antifranquistas por ser, como hemos dicho antes, la organización política más combativa de todas. El militante conocía que estaba sujeto a una jerarquía de poder estructurada y jerarquizada desde el simple grupo o célula hasta la entidad de poder superior y que las órdenes había que acatarlas. Debido a ello uno de las principales tareas a realizar fue la captación de militantes y simpatizantes para que engrosaran las filas del PCE en la clandestinidad. La lealtad y el compromiso eran básicas en la lucha y tenían que cumplir unas rígidas normas de comportamiento y pautas de seguridad para eludir las detenciones de las fuerzas represoras franquistas. Hubo intromisión de policías en el seno de la organización comunista y esta quiso impedir que hubiera delaciones y chivatazos por parte de otros camaradas, motivo por el cual fueron detenidos gran cantidad de comunistas en aquellos años. Debido a este motivo dentro del PCE hubo acusaciones de disidentes, provocadores, desviacionistas, sectarios, etc, contra aquellos individuos sospechosos de trabajar para las fuerzas del orden franquistas e ir en contra de los postulados oficiales del Partido. Para evitar estos posibles casos lo primero que se hacía al comprobar que podía haber un caso de estos era realizar un estudio de la situación de los posibles disidentes, en el caso de que se comprobara que eran unos provocadores, eran apartados de los puestos de dirección en el caso de ostentarlos, seguidamente eran expulsados de la organización comunista y podía darse el caso de que pudieran ser sentenciados a muerte, como ocurrió con algunos militantes. Eran años donde el estalinismo estaba presente en los partidos políticos comunistas internacionales. La ortodoxia, la obediencia y la lealtad eran acciones llevadas a cabo por la mayoría de comunistas en la clandestinidad con sus superiores. Mantener la unión interna aseguraba que no hubiera hendiduras en el organigrama piramidal de la organización política comunista, desde las células o troikas, pasando por los radios y sectores hasta finalizar en los comités y en las delegaciones. Para conservar esa disciplina decidieron publicar en la prensa clandestina postulados teóricos y políticos para formar a la militancia de base de cómo tenían que comportarse y cómo poder incrementar su nivel político y cultural. Una propaganda periódica que servía como función socializadora de la militancia y de adoctrinamiento en beneficio de su Partido. Con la lectura de aquellos informes podrían transmitir enseñanzas marxistas leninistas y por otro lado la línea política a seguir, siendo transmitidos entre los mismos cuadros.

-Las repercusiones de todo esto fueron trágicas, costaron muchas vidas humanas, ¿no?

-La represión fue el instrumento básico para la consolidación de la dictadura. Una represión constituida en una de sus señas de identidad y que utilizó para imponer su sometimiento político, ideológico y social. Durante la Guerra Civil inició los elementos de eliminación del enemigo y que tras la misma perfeccionó, con unos mecanismos para continuar la política de venganza contra los españoles acusados de “rojos” y antiespañoles. No sólo buscaban la eliminación física de los vencidos, sino también la supresión de sus principios ideológicos. Para ello  el régimen franquista levantó un aparato de control totalitario donde la piedra angular fue la represión y una de las tácticas utilizadas fue la de ejecutar a sus adversarios. Todo intento de organizarse políticamente o de una oposición antifranquista tenían que terminar con ella, arrancarlo de raíz, de igual manera que su ideario. Franco quería el sometimiento de la población, meter el medio y el terror entre las familias con pasados republicanos sometidas a la vergüenza pública y al control. Dicha represión ayudó reforzar el régimen dictatorial con el apoyo militar y eclesiástico. Aquella España llena de masones, de laicos, de republicanos, de marxistas y de “rojos” no era bien vista y llevaron a cabo una política de exterminio, persecución y venganza. Se habilitaron campos de concentración ante la gran cantidad de detenciones, las cárceles estaban abarrotadas de presas y de presos y los fusilamientos estaban a la orden del día (muchos de ellos sin juicio previo y en el caso de haberlo, los procedimientos sumariales posteriores con una legislación militar, no facilitaban defensa alguna al enjuiciado). La represión física es muy difícil de cuantificar porque hubo miles de asesinatos en toda España contra los republicanos españoles. Podemos poner un ejemplo de aquella represión en Madrid y su provincia. En Madrid capital entre 1939 y 1944 fueron fusiladas 2.933 personas de las que 128 fueron militantes del PCE y de la JSU eliminadas por su lucha contra el régimen (hubo muchos más comunistas pero fueron condenados por adhesión a la rebelión). Entre 1944 y 1976 fueron fusiladas 202 personas en el cementerio de Carabanchel, de los cuales 34 fueron comunistas en su mayor parte miembros de una guerrilla urbana madrileña. En Alcalá de Henares entre 1939 y 1948 fueron fusiladas 268 personas, de las que 30 fueron luchadores antifranquistas entre 1944 y 1947. Fueron casi 200 personas solo en Madrid y provincia las fusiladas por su pertenencia al PCE clandestino y a la lucha antifranquista.

-Carlos, háblanos de “esas nuevas fuentes documentales” de las que te vales para la confección de este libro…

-Para realizar este libro investigué en una veintena de archivos, bibliotecas y fundaciones que dieron lugar a unas fuentes primarias originales. La parte más importante de la documentación proviene del Archivo Histórico del PCE y sobre todo de los novedosos fondos procedentes de los archivos militares donde se encuentran los procedimientos sumariales o consejos de guerra elevados contra los encausados por vía militar por adhesión a la rebelión o por actividades políticas en contra el régimen franquista. Son miles de causas donde se puede estudiar el comportamiento represivo del franquismo y las actividades políticas llevadas a cabo contra él mismo. También son importantes los fondos del archivo de la Fundación Francisco Franco donde albergan informes elaborados por los servicios de información del Ministerio de la Gobernación dirigidos por miembros de la Brigada Político Social. Estos realizaban informes, dosieres y estadísticas que hacían circular entre gobernadores civiles, comisarías de policía y comandancias de la Guardia Civil sobre las organizaciones antifranquistas y sus miembros para conocer las publicaciones que editaban y las principales actividades desarrolladas. Entre las notas y los oficios más importantes la Dirección General de Seguridad redactaba resúmenes que enviaban al Ministerio del Interior y éste a su vez a la Secretaría de la Jefatura del Estado, que informaba directamente a Franco. De igual manera hay que destacar los informes internos realizados en la clandestinidad por la militancia comunista y que están depositados en el Archivo Histórico del PCE. También he utilizado fuentes orales que complementan a las fuentes escritas, casi siempre contrastadas de manera objetiva y analizadas de manera crítica.

-Cómo “el partido “en el interior, viviendo en plena dictadura, clandestinidad y persecución convivía y se comunicaba con el partido en el exterior, en el exilio…teniendo en cuenta que, en los primeros años, había una guerra mundial…

-Si ya de por sí la comunicación en el interior era complicada entre grupos y comités clandestinos del PCE, imagínate con respecto al exterior y a las diferentes direcciones existentes. El intercambio de información en una misma ciudad y sobre todo en Madrid se realizaba a través de notas escritas, muchas veces en clave para que en el caso de que fueran descubiertas, no pudieran ser descifradas. Hubo enlaces, sobre todo mujeres, que se encargaban de facilitar la comunicación entre las diferentes cárceles madrileñas a través de notas que sacaban en las visitas de los familiares de los presos. La dirección nacional desde Heriberto Quiñones y con posterioridad otras delegaciones nacionales del interior utilizaban cartas y correspondencia para ponerse en contacto con otros comités provinciales en diversas estafetas utilizadas para dicho cometido. Enviaban misivas en lenguaje cifrado o escritas en tinta simpática para que no fueran descubiertas y según indicaban las normas de seguridad clandestinas. También se crearon diversos aparatos de comunicación y enlaces entre España con Francia y con Portugal para que hubiera un intercambio directo con la dirección del PCE en territorio francés y con los enviados desde el Buró Político del PCE en México a territorio luso. El principal motivo de intentar comunicarse entre las direcciones comunistas de América y de Francia era el hecho de controlar la situación del Partido en España y que siguiera la línea política emanada desde el exterior. Desde aquí enviaban periódicos, revistas y manifiestos para que los militantes en el interior supieran cual eran las directrices políticas y las actividades a realizar, aunque realmente desconocían la verdadera situación del país y la realidad que se vivía en él. En un primer momento el aparato de comunicación con el exterior de la dirección de Quiñones estaba controlado por Calixto Pérez Doñoro y utilizaban barcos norteamericanos como el Leigh, el Artigas o el Capulin para hacer llegar la propaganda comunista consistente en el periódico Mundo Obrero o la revista Nuestra Bandera, manifiestos y otro tipo de escritos. Estos barcos atracaban en puertos de Vizcaya y los militantes vascos recogían el material impreso. Quiñones acusó a los dirigentes comunistas en México y en Cuba de no conocer el estado real del país, con una represión desmedida contra los comunistas y los opositores antifranquistas. Desde el extranjero se alentaba realizar una lucha general y desproporcionada contra el régimen, algo que Quiñones calificaba como exótico e irreal. En algunas ocasiones si funcionó el aparato de pasos como el que hubo entre Francia y España por los Pirineos y por la zona de Euskadi, el primero nada más terminar la Guerra Civil y el siguiente cuando el dirigente vasco Jesús Carrera pasó al país desde territorio francés para contactar con camaradas suyos de Navarra y de Guipúzcoa. También hubo otro foco de comunicación entre el exilio comunista en el Norte de África y el sur de España mediante barcos que llegaban a las costas españolas. La conexión entre España y la URSS fue inexistente durante varios años, de igual manera que con Francia, donde residía la otra dirección clandestina del PCE con Jesús Monzón a la cabeza hasta 1944. La comunicación se hacía a través de la escucha de las transmisiones que hacía Radio España Independiente.

-¿Cómo se estructuró, con todos estos ingredientes, el PCE?, puntualizo—ya me perdonarás—que hay que tener en cuenta, creo, ya no tanto por cómo quedó la izquierda y el PCE después de la Guerra Civil Española…sino, también teniendo en cuenta el resultado y todo lo que significó la II Guerra Mundial-

-Dependiendo en qué momento de clandestinidad estuviera, el PCE se articuló de una manera u otra. Una de las primeras reorganizaciones tuvo lugar en el campo de Albatera con Jesús Larrañaga a la cabeza. Aquí se decidió que salieran algunos cuadros del PCE para contactar con los grupos clandestinos de militantes que estuvieran organizados en distintos lugares de España, sobre todo en Madrid, en el Levante y en Cataluña. En la capital de España se articularon varios grupos de comunistas, primero con la dirección de Matilde Landa y luego con las de Enrique Sánchez y José Cazorla. Otros militantes valencianos unificaron a otros grupos clandestinos para saber que camaradas no habían sido detenidos. Mientras en el norte peninsular sin contacto con el centro organizaron unos comités provinciales en Vizcaya, en Navarra, en Guipúzcoa y en Cantabria y establecieron contactos con Galicia y Asturias. Tras la creación de una Comisión Central Reorganizadora del PCE en Madrid buscaron la ayuda de un dirigente más cualificado y preparado para llevar las riendas de la organización comunista en la clandestinidad. Ese individuo fue el agente internacionalista Heriberto Quiñones quien articuló una especie de Buró Político del PCE en el interior del país. Con su política de Unión Nacional entre 1940 y 1941 extendió la mejor estructura clandestina comunista de toda la década de los cuarenta a lo largo de toda la geografía peninsular. Tras la caída de la dirección de Heriberto Quiñones hubo varios cambios en la dirección que quisieron acabar con todo lo que hubiera dejado la anterior directiva. Se inició una campaña antiquiñonista y fue Jesús Bayón quien dirigió al PCE clandestino durante un tiempo. Con la llegada de Francia de Jesús Carrera enviado por la Delegación del PCE en aquel país dirigida por Jesús Monzón, este quiso recuperar el poder de la organización comunista en el interior y puso a Carrera como máximo dirigente, antes de la llegada en persona del propio Monzón. Entre 1942 y 1943 Carrera contactó con todos los comités provinciales que Quiñones había desarrollado y comunicó la nueva línea política a seguir emanada de la que seguía el PCE en Francia. Monzón junto con otros colaboradores y dirigentes de la organización comunista en el país vecino entró en España para desarrollar lo que denominó la Junta Suprema de Unión Nacional cuyo máximo exponente propagandístico fue el periódico Reconquista de España. De igual manera que había ocurrido con anterioridad una de sus premisas fue contactar con el resto de comités provinciales, sobre todo con Cataluña donde tuvo problemas con la dirección del PSUC por las disputas internas por el control del poder de la organización en territorio catalán. Monzón dedicó especial atención al aparato de agitación y propaganda para divulgar las publicaciones periódicas, al contacto con otras fuerzas republicanas para que hubiera una mayor unidad en la lucha antifranquista aunque fuera irreal y a las relaciones con la dirección del PCE en el exilio americano y en el norte de África. La decisión de Monzón de llevar a cabo acciones de lucha armada guerrilleras y la invasión  por el valle de Arán marcó las últimas acciones de Monzón como máximo dirigente del PCE clandestino en España. Entre finales de 1944 y principios de 1945 fueron llegando cuadros procedentes de América del Sur a España para controlar la situación del Partido y con Santiago Carrillo en tierras francesas. Se iniciaba otro proceso de cambio de poder en la organización comunista clandestina española, con ataques de disidentes y de traidores contra la figura de Monzón y de sus colaboradores.

-En el PCE de este período hay muchos protagonista, ¿a quién o quiénes podemos destacar?

-Es muy complicado entre miles de militantes clandestinos quedarnos o destacar la valía, el combate y la heroicidad de hombres y mujeres comunistas en la lucha antifranquista, en aquellos años de dura represión y de abandono por parte de sus principales dirigentes del PCE exiliados al extranjero. Independientemente de recalcar el trabajo de dirigentes como Matilde Landa, Enrique Sánchez, José Cazorla, Heriberto Quiñones, Jesús Carrera y otras decenas de camaradas suyos que dieron sus vidas por su Partido y por la lucha contra los postulados dictatoriales, podemos distinguir la labor y el sacrificio de algunas mujeres y hombres comunistas de aquellos años. En el caso de las mujeres también sufrieron detenciones, torturas y años de cárcel, contribuyendo al combate contra la dictadura. Las mujeres se dedicaron a labores asistenciales y colaboraron en las actividades clandestinas como enlaces, en los aparatos de agitación y propaganda, como estafetas e incluso como guerrilleras de algunas agrupaciones guerrilleras. Dos ejemplos de aquellas mujeres fueron Juana Doña y Mercedes Gómez Otero Merche. Las dos sufrieron varios arrestos, bárbaras torturas y penas de muerte, conmutadas a treinta años de prisión. Merche fue una de las mujeres comunistas más activas y luchadoras del PCE clandestino en aquellos años. Leal con sus principios ideológicos y con una camaradería especial hacía sus compañeras de lucha. Una trabajadora incansable y comprometida a lo largo de toda su vida. De Juana Doña se podría escribir muchas páginas y de ambas mujeres narré sus  biografías y la de otras compañeras en el libro La lucha es tu vida. Juana Doña fue una activista incansable y mujer reivindicativa donde las hubiera. Formó parte de un grupo guerrillero de Madrid y tuvo varias penas de muerte. En el caso de los hombres comunistas podemos destacar la figura de Calixto Pérez Doñoro. Este madrileño fue uno de los comunistas más activos y combativo en la reorganización del PCE desde el final de la Guerra Civil. Miembro de varias direcciones clandestinas desempeñó un papel importante de contacto con diferentes comités provinciales y en los organigramas dirigentes. Pérez Doñoro fue detenido varias veces y se escapó de la cárcel en dos ocasiones. También participó en el movimiento guerrillero y con posterioridad pudo exiliarse a Francia donde vivió durante muchos años. La riqueza de sus experiencias vitales y de sus testimonios nos permite conocer como fueron sus actividades para lograr la deseada libertad y el regreso de una situación democrática perdida desde la época republicana por el golpe de Estado dictatorial.

-¿Se distinguían como dos partidos o era claramente uno…?

-Cuando se produjo el exilio de los principales dirigentes del PCE a diferentes destinos en el extranjero, el Partido también se dividió. Como dije con anterioridad la organización comunista española estuvo fragmentada entre la URSS, América, Francia, el norte de África y España. En la práctica era en territorio francés donde se tenía un mayor contacto con la organización clandestina del interior del país. La militancia estaba dividida y había grupos clandestinos sin ninguna comunicación con el resto de sus camaradas. A pesar del intento de los comités y de las delegaciones del interior de unificar a los grupos de comunistas dispersos, no consiguieron en su totalidad la unidad del Partido. Por ello no se puede hablar de un único Partido sino que hubo varias organizaciones que deseaban el control y el poder del PCE. Este fue uno de los principales campos de batalla internos entre los militantes clandestinos hasta la llegada de los cuadros llegados de América en 1945 y con la presencia de Santiago Carrillo en Francia. No hubo un único Partido incluso en el interior del país en la clandestinidad a pesar de los deseos de sus dirigentes que así fuera.

-Es de suponer que las disensiones, discusiones y luchas por el control del partido era la ley del día a día en torno al PCE, ¿verdad?… qué nos puedes comentar?

-Como he comentado anteriormente fue una de las principales pugnas internas de las estructuras directivas del PCE, no sólo desde el exilio, sino también a nivel del interior del país. Ya en la primera posguerra, aquellos grupos que empezaron a reorganizarse no se fiaban de otros militantes que quisieron controlar el poder porque habían sido ellos quiénes habían empezado a reestructurar el Partido. Desde el exterior se enviaban militantes y dirigentes para conocer la realidad de la situación del país y sobre todo quien o quienes dirigían las premisas y las directrices del PCE en el interior. Al norte de España entraron en varios momentos comunistas vascos para contactar con los comités de Vizcaya y Guipúzcoa y en Cataluña llegaron comunistas catalanes para saber cuál era la situación del PSUC, provocando discusiones con los dirigentes del PCE que estaban a cargo del mismo en territorio vasco y catalán. A Portugal llegó el conocido como Grupo de Lisboa desde América con cuadros como: Jesús Larrañaga, Manuel Asarta, Isidoro Diéguez, Jaime Girabau, etc. enviados por el B.P. con Vicente Uribe a la cabeza para que entraran en España clandestinamente y recuperaran el control del Partido. La detención de este grupo provocó la caída de otros comunistas en Portugal y en España y la fuerte crítica de Quiñones por las acciones emprendidas y la mala labor realizada. Cuando una dirección era sustituida por otra, los nuevos dirigentes entrantes criticaban la política y las actividades desarrolladas por sus predecesores y realizaban una campaña de denuncias ante ello. La lucha por el poder y el control de la organización comunista clandestina fue una constante en aquellos años, en un ambiente donde el estalinismo hacía acto de presencia en las organizaciones comunistas internacionales y donde se extendían las acusaciones de herejes, desviacionistas y disidentes. Los mayores afectados de esta situación fueron los militantes de base que muchas veces no comprendían hechos y actuaciones de ese tipo, en un Partido donde la jerarquía y la disciplina eran órdenes básicas de comportamiento, les sorprendían las discusiones y las disputas internas en el seno de su Partido.

-El fin de la guerra mundial, la invasión por Vall d’Aran, el maquis para nada mitigaron estas diferencias, más bien la incrementaron, ¿verdad?

-Efectivamente las pugnas y las luchas internas se acrecentaron entre finales de 1944 y los primeros meses de 1945. El control de la Delegación del Comité Central del PCE en España entre Jesús Monzón y los principales cuadros llegados desde América (Casto García y Agustín Zoroa entre otros) se extendió durante aquellos meses. Monzón no quiso entregar el mando del Partido a pesar de las órdenes enviadas por Carrillo desde Francia. El dirigente navarro manifestaba que él había sido quien dirigió el Partido en Francia y en España cuando los miembros del Buró Político y del Comité Central se habían exiliado a otros países. Monzón envió una carta personal a Carrillo indicando las faltas cometidas por Casto García, la imprudencia de otros cuadros por infringir las normas básicas de clandestinidad y poniendo en peligro a otros camaradas, finalizando la misiva manifestando que dejaban de tener contacto con Francia, que no enviaran ningún otro documento y que cualquier incumplimiento de lo expuesto sería considerado como una provocación. Por otro lado, Monzón para asegurarse el respaldo de otros dirigentes envió una carta a Francia del B.P. del PCE en México que le garantizaba como el máximo dirigente comunista en España, exponiendo que quizás era Carrillo quien tenía disonancias con los dirigentes españoles en América. Por su parte, Santiago Carrillo envió una carta a Uribe indicando que Monzón estaba a la espera de ser separado del Comité Central y envió a Zoroa a España en marzo de 1945 con varios documentos, entre los que estaba una Carta Abierta de la Delegación del Comité Central del interior atacando a Monzón y a sus colaboradores y las debilidades que había en su política de Unión Nacional. Le criticaba también por su actividad en Francia al desplazar a la camarada que había sido designada como máxima dirigente, Carmen de Pedro. Finalmente el dirigente asturiano utilizó todas esas críticas para atacar a Monzón y calificarlo de aventurero, disidente y provocador. Se iniciaba una purga similar a la sucedida años antes contra Quiñones, acusando a Monzón y a sus ayudantes de colaboracionistas y de traidores. Finalmente Carrillo y sus camaradas llegados de América se hicieron con el poder en la Delegación del PCE en el interior poniendo a Agustín Zoroa como máximo dirigente hasta que fue detenido a finales de 1946.

-¿En esta horquilla en la que analizas al PCE en los primeros años del franquismo…este partido pasa a ser poderoso a empezar una especie de implosión interna…como una cuenta atrás…? aunque el final de los finales ya se dio en la democracia, más o menos entre 1981-1982.

-El hecho de pertenecer al PCE conllevaba para su militancia una sensación de orgullo y predisposición por ser la organización política más combativa y luchadora durante la Guerra Civil española y en la dictadura, en el seno de las fuerzas políticas de izquierda. Fue la organización de la resistencia y de la guerra y la protagonista de los principales combates políticos, culturales y sociales en España durante aquellos años. Ese papel preponderante en el seno del Frente Popular se extendió a lo largo de todo el franquismo, con unas tácticas y políticas llevadas a cabo, por un lado junto a otras fuerzas y movimientos políticos y sociales y por otro lado, y de manera independiente, para conseguir sus propias metas y las libertades y la democracia deseada. Con el cambio de táctica planteado a finales de la década de los años cuarenta, dejando la lucha armada con el movimiento guerrillero, para introducirse en los Sindicatos Verticales franquistas y liderar el movimiento obrero, siguió con su papel protagonista en el conjunto de partidos de izquierda y la posterior creación de CC.OO. De igual manera que estuvo fuertemente presente en los movimientos estudiantiles y universitarios y en los ámbitos de intelectuales, todos ellos tan importantes en la oposición antifranquista como la resistencia obrera.

-¿Cómo es y qué significa el PCE en los primeros años del franquismo para el global de “la izquierda”?

-El Partido Comunista de España fue el partido hegemónico en la lucha antifranquista. La división existente en las fuerzas políticas de izquierda pertenecientes al Frente Popular durante la Guerra Civil se fragmentó totalmente con el ambiente anticomunista que se vivía en el resto de partidos y sindicatos socialistas, anarquistas y republicanos y que concluyó en el golpe de Casado. Independientemente de este acontecimiento, el PCE y su militancia que no se exilió y que no fue detenida ni fusilada, lideraron al conjunto de fuerzas y movimientos antifranquistas. Fue la única organización que combatió a la dictadura en aquellos primeros años del franquismo desde sus postulados políticos de Unión Nacional, con sus propios medios de agitación y propaganda y con la lucha armada guerrillera durante la década de los años cuarenta. Siendo el momento histórico donde la represión contra los enemigos del régimen y de Falange fue más dura y cruel, llenando los campos de concentración y las cárceles de hombres y mujeres comunistas combativos contra la dictadura. Hubo algunos intentos de alianzas unitarias como cuando tras la invasión del Valle de Arán, Carrillo suprimió la Junta Suprema de Unión Nacional y en febrero de 1946, por temor de quedarse marginado el PCE, se adhirió a la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas junto al PSOE y a otras fuerzas republicanas. No obstante y en la práctica la división en el seno de las fuerzas de izquierda fue irreconciliable durante muchos años.

-El PCE el que se quedó dentro de España militantes de base, simpatizantes y demás cómo viven esos primeros días del franquismo conviviendo con ciudadanos y ciudadanas de “la otra izquierda”: socialistas, anarquistas, republicanos…

-El ambiente que se vivía en el seno de los militantes y simpatizantes de los partidos políticos y sindicatos que formaban parte de las fuerzas republicanas del Frente Popular no pudo ser peor, por la división existente y por la culpa de unos a otros en la derrota en el conflicto bélico español. Los comunistas denunciaban que las demás fuerzas políticas no quisieron luchar hasta el último momento y la conjura civil y militar de Casado ayudó a Franco a que el final de la guerra se hiciera como se hizo: con una guerra civil dentro de la guerra civil, sin resistir hasta el último momento y las cárceles llenas de comunistas que fueron detenidos por las fuerzas casadistas, dejando el camino libre a que los sublevados, una vez se hicieron con el poder, lo único que tuvieron que hacer fue sacarlos para fusilarlos sin juicio y en otras ocasiones tras proceder a “enjuiciarlos” en el seno de la jurisdicción militar, tuvieran penas de muerte u otras condenas de prisión (esta acusación perduró entre la militancia comunista durante muchos años). A pesar del miedo y el temor por las represalias y por el ambiente represivo del régimen contra los republicanos, había un estado de malestar, no sólo como dije antes, entre militantes y simpatizantes, sino en la ciudadanía en general. Entre personas de izquierda y obreros no podían creerse y estaban estupefactos viendo como los defensores de la causa republicana contra el fascismo se peleaban entre ellos. Esa atmósfera tensa se podía notar sobre todo en las prisiones, en los campos de concentración y en los batallones de trabajadores donde se formaban grupos según sus tendencias políticas, originando las discrepancias políticas y las grandes discusiones y hasta peleas entre simpatizantes de un partido político u otro.

-Es casi lógico pensar que los que estaban en el exilio lo vivían esas relaciones dentro de la izquierda de manera diferente, pero ¿cómo de diferentes se vivían esas relaciones desde el exilio…?

-En el exilio la situación no era muy distinta de la vivida en el interior de España. Entre los exiliados también hubo disputas políticas por la manera que afrontaron el final de la Guerra Civil cada organización y por las fuertes divergencias vividas en el seno de los partidos políticos y sindicatos. Estos tuvieron diferentes líneas de acción entre su militancia y se vio en cada uno de los campos de concentración donde los franceses ubicaron hacinadamente a los exiliados españoles. Como ocurrió en España, el PCE fue la fuerza política más combativa y desde los primeros momentos empezaron a agruparse en células y grupos entre los barracones para ver qué hacer. Había órdenes en el seno de los partidos políticos españoles de no acercarse a compatriotas de distinta tendencia política, sobre todo con los comunistas. No olvidemos que el PCE era un partido ilegal y sus militantes perseguidos tras el pacto de no agresión entre soviéticos y alemanes. El ambiente anticomunista se extendió en el exilio en toda Francia y la lucha por la hegemonía y el control del exilio español empezó en los campos de concentración y en los batallones de trabajadores. No obstante, serían los comunistas quienes formaron parte mayoritariamente de la Resistencia francesa contra los nazis, englobados en las Fuerzas Francesas del Interior dentro de la Agrupación de Guerrilleros Españoles.